It’s the stupidity, stupid
La economía chilena crece y crece como no lo hacía hace años. Se proponen reformas a la educación que no se hicieron en 20 años. Se mejora el transporte público tratando de arreglar el desastre creado en los últimos 5 años. Se reconstruye rápidamente el país después de un terremoto. Disminuye la desigualdad.
¿Y qué pasa?
El gobierno es detestado profundamente por la mayoría de la población chilena.
¿Cómo se explica esta aparente contradicción?
Simple. It’s the stupidity, stupid. La adicción que tiene el presidente Piñera por sentir aprobación, por tratar de caerle bien a todos, por tratar de aparecer metido en todo lo que es visto como positivo, es insoportable.
Si Piñera y su gobierno se dedicarán solo a impulsar las reformas que están creando, y a mantener la economía en el camino correcto, probablemente tendrían una aprobación bastante mayor. Pero la necesidad de aparecer en todo, y con todos, genera un rechazo entendible.
¿El camino?
Gobiernen, y córtenla con la estupidez. Apaguen las luces, guarden las cámaras. Cierren la puerta de la oficina unos meses y vuelvan a sus escritorios. La aprobación no se consigue en un estadio de fútbol, ni bailando en una fonda, ni dando discursos que nadie ha pedido.
El país va por el camino correcto, el gobierno, no.