Acosta: el salvador del 11
Otro 11 de septiembre y la gente inocente tiene que volver a irse temprano del trabajo y esconderse en sus casas para que un grupo de personas sin cerebro de extrema izquierda pueda destruir la ciudad en paz.
Es medio ridículo que todos los años sea lo mismo y que nadie pueda hacer algo para terminar con los actos violentos de este día. Todos saben quiénes los organizan y dónde se van a producir, pero aún así hay que esperar que se destruya todo lo construido con la plata de la gente que trabaja y más encima hay que soportar que se diga que todo fue un éxito porque sólo hubo 659 mil detenidos.
Obviamente las causas de esto son de largo plazo, basadas en la mala educación, exclusión, drogas, etc. Pero no es posible que todos los años el gobierno y carabineros sean incapaces de reducir la violencia.
¿Tal vez este año sea diferente? La única esperanza es que el partido entre Chile y Austria sea tan malo que toda la gente se quede dormida hasta mañana. Lástima que ya no esté Nélson Acosta para lograrlo.
visioner 9:40 am el Septiembre 11, 2007 Permalink |
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Thanks
Marta Salazar 10:57 am el Septiembre 11, 2007 Permalink |
tienes razón!
jugamos contra Austria? Wow!
que gane “la roja”!
L.A. 11:00 am el Septiembre 11, 2007 Permalink |
Marta, creo que es cerca de las 14:30 de Chile. Seguro que en Alemania lo dan en todos los canales principales…no?
Alejandra 11:19 am el Septiembre 11, 2007 Permalink |
Lo que yo no entiendo es qué sacan en limpio los autores de los desmanes para que los sigan repitiendo. ¿Cuál es la ganancia o el beneficio? Me cansa que todos los años sea igual, tal vez haya que cambiar el foco y ser un poco más original para seguir haciendose escuchar, algo así como un cambio en la campaña comunicacional… saludos.
cristian 3:22 pm el Septiembre 11, 2007 Permalink |
El 11 de septiembre de 1983, al cumplirse 10 años del Gobierno Militar, la Conmebol programó un partido de Copa América en Santiago entre Chile y Uruguay. Fue un partido muy friccionado, a estadio lleno, y ganó Chile 2×0 (goles de Letelier y Dubó). Pese a la masiva concurrencia, no hubo desmanes, gritos contra Pinochet, vandalismo ni nada de lo que ahora hay. Todos volvieron tranquilos a sus casas y alegres por el triunfo.
Otros tiempos.
Eso demuestra que la animadversión y las protestas contra Pinochet no son espontáneas, son organizadas por una minoría que se vio afectada y que durante todos estos años ha intentado “utilizar” a la gente común como carne de cañón, alentándolas a descargar tensiones con consignas que sólo a los organizadores les interesan.